Emprendimiento y Desarrollo Personal, Dos hermanos de una misma Madre

rgvfdPara nadie es desconocido que en las librerías encontramos una gran variedad de libros concernientes al emprendimiento y el desarrollo personal. Mientras que el emprendimiento se ubica -por lo general-, en la sección de economía y finanzas, el desarrollo personal se encuentra en los estantes de auto-ayuda y/ó liderazgo; sin embargo, ambos temas tienen más factores en común que en contra, de ahí que mi libro abarca ambos tópicos.

Una Misma Madre

En una de mis redes sociales escribí un artículo llamado “Factor Hambre”, que decía así:

“Hicieron una investigación en Harvard a 100 de los más exitosos y antiguos empresarios de la nación norteña; también estudiaron a los hijos de estos hombres, pero sólo a quienes habían heredado la dirección de las Compañías de sus padres. La mayoría de estos hijos tenían en su haber doctorados en economía, MBA en prestigiosas universidades, estudios avanzados en liderazgo y administración entre otros diplomas; y sin embargo sus logros no llegaban ni a la mitad de lo que sus padres habían conseguido con mucho menos de lo que ahora tenían ellos, esto según la comparación realizada por la investigación. Los investigadores llegaron a una conclusión aplastante: Los de la escuela antigua, es decir los “CEO seniors” lo habían hecho desde abajo, desde la pobreza misma -o casi desde ella-, lo que los eruditos de Harvard llamaron jocosamente FACTOR HAMBRE…, ¡la necesidad los llevó a ser creativos, persistentes y ejecutivos! Sus hijos en cambio no pasaron por todas las “pellejerías” que sus viejos vivieron, y por tanto, su pasión por triunfar en los negocios era algo más de índole motivacional, mientras que para sus papás era algo simple pero eficiente: O surgían con el emprendimiento que estaban montando o se morían de hambre”.

Esta interesante historia me abre paso para declararles una verdad innegable: Los emprendedores no sólo crean empresas, hacen de su vida una empresa en constante mejora.

Y esta máxima me lleva a navegar mar adentro, a inquirir un poco más, a querer saber ¿quién es la madre de los emprendedores y de quienes dedican su vida a mejorarla? Un viejo adagio reza así: “La necesidad es la madre de toda inventiva”. Yo lo propongo de la siguiente manera: La necesidad de crecer tanto externa como internamente es la madre de esa especie de humanos a quienes la sociedad ha bautizado con el nombre de emprendedores.

¡Sí!, la motivación de superarse, expandirse, realizarse es la madre de todos los emprendedores y de quienes han crecido en su vida personal; bendita madre que despierta en sus hijos la necesidad de no conformarse, sino, ir más allá en la conquista de éxitos y triunfos, porque quien se conforma ya ha perdido la batalla.

Pero, ¿por qué esta necesidad de superarse al parecer afecta sólo a algunos?  ¿por qué será que sólo en ciertas personas ocurre el chispazo del desarrollo personal? En realidad en nuestro ADN divino se encuentra implícita la necesidad de crecer…, ¡así fuimos creados!, pero en algunos está dormida. Es posible que el conformismo, la mediocridad, la complacencia, el hedonismo y todas esas sombras de pecado han cauterizado la conciencia del hombre a tal grado que en vez de buscar nuevos y mejores puertos, decidieron atracar en uno sólo, bueno o malo, les da lo mismo pues prima en ellos la “tranquilidad de lo seguro”. Pero esto no ocurre en la mente de los emprendedores, esto no va con aquellos que constantemente buscan mejorar sus vidas, simplemente no se adecuan a esta trivialidad; ellos hacen suyo el versículo paulino que dice así: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta” (Filipenses 3:13-14).

El apóstol Pablo sentía la misma necesidad que los emprendedores de hoy, él no se conformaba a vivir según lo cánones del sistema, “él tenía una meta doble en su vida”, parecerse a Cristo y llevar a Cristo a toda criatura. Pero sabía perfectamente que para cumplir sus metas debía romper paradigmas establecidos, salirse de los esquemas tradicionales que sólo le restaban energía y motivación, Pablo entendió que haciendo lo mismo que los demás no conseguiría resultados diferentes. Por eso es tan categórico en versículos como éste: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Este versículo ha venido a ser uno de los favoritos de muchos cristianos  y debe interpretarse más allá del contexto puramente eclesial; en realidad es aplicable a todos los contextos de la vida. ¿Qué nos dice? El apóstol declara que amoldarse al sistema, a la moda, a las costumbres del mundo es tremendamente peligroso porque corremos el peligro de no discernir la voluntad de Dios para nuestras vidas (pues el mundo es como una sirena que nos hipnotiza con su canto angelical para luego hacernos estrellar contra las rocas de la mediocridad). Y, ¿qué mejor voluntad del Padre que sus hijos prosperen, se desarrollen, emprendan y triunfen? El relator del Génesis nos dice que fuimos puestos en esta tierra para multiplicarnos y ser fructíferos (Génesis 1:28). Los emprendedores han entendido muy bien las implicancias de este pasaje.

Éxitos y Triunfos

Ya que estamos afirmando que la necesidad de crecer y alcanzar logros en la vida es la madre que ha parido a emprendedores y gente que ha desarrollado su vida personal, es justo señalar también que éstos tienen dos hermanos que los acompañan siempre, me refiero al éxito y el triunfo, que aunque parecen iguales no lo son.

Para aclarar dudas permítanme interpretar esto en base a una parábola de las Escrituras, la cual se explica por sí misma pero me tomaré el atrevimiento de profundizar en ella. Me refiero a Lucas 15:11-22.

En cuanto al Éxito.

Resulta evidente que el hijo menor buscaba el tan denominado “éxito en la vida”, pero lo había entendido desde una fuente puramente material; y es que el éxito se lo asocia por lo general con “logros externos”, ya saben, conseguir cosas que hacen de ti una persona exitosa, al menos en la apariencia: una casa formidable ubicada en el sector más acomodado de la ciudad, uno o dos carros a las puertas de tu casa, un trabajo emocionante con un puesto gerencial elevado, una situación financiera generosa, viajes por el mundo, en fin, todas aquellas cosas que en sí mismas no tienen nada de malo, pero que no lo son todo. De ahí que cabe preguntarse, ¿eso es el verdadero éxito? En los evangelios se nos dice que, “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Interesante e incisiva afirmación realizada por el Maestro de Nazaret, y es que justamente los logros externos son sólo una parte del verdadero éxito, pero nuestro amigo Pródigo no lo entendió así.

La parábola nos da a entender que este muchacho se dio la gran vida, y no vamos a especular más sobre esto porque toda clases de cosas se han dicho concerniente al tipo de vida libertina que este joven llevó -de lo cual no estoy seguro completamente-. Lo que sí está claro es que por un momento en su vida este hombrecito disfrutó el éxito que el dinero pudo darle…, su vida reflejaba externamente el logro de muchas cosas. Pero bastó que el dinero escaseara para que sus logros también escasearan, y fue en ese punto cuando se dio cuenta que había tenido éxito, pero no había triunfado.

En cuanto al Triunfo.

Expertos en comportamiento humano afirman que si bien éxito y triunfo dan la idea de haber conseguido algo (una meta, un negocio, una acción); el triunfo apunta a aquellos logros internos que al principio no son visibles, pero que con el paso del tiempo se dejan ver en una vida saturada de bendiciones. Así entonces una persona triunfadora es aquella que ha logrado -por ejemplo-, dominarse a sí misma: “Más vale vencerse uno mismo que conquistar ciudades” (Proverbios 16:32).

Lo mismo diría el sabio Aristóteles al declarar: “La mejor de las conquistas es conquistarse uno mismo”. Así que el triunfo está asociado directamente con esas victorias diarias que ganamos en nuestro interior, ya sea dominando nuestro carácter, eliminando aquellos hábitos nocivos que destruyen nuestra vida, controlando nuestra lengua que tantos problemas nos ha causado, entrenando nuestra mente para que piense en positivo y no en lo negativo, etc.

Sin embargo, nuestro Pródigo no consideró esto. Para él era más importante probar el éxito externo, mostrarse ante los demás como un titán, no sabiendo que meses más tarde acabaría como un mendigo, ¿será que no se acordó de lo que las Escrituras antiguas dicen respecto a la pinta?: “La gente se fija en las apariencia, pero yo me fijo en el corazón” (1ª Samuel 16:7b).

Y es precisamente en el corazón donde los triunfadores ponen énfasis, porque ellos saben que toda empresa para que sea rentable y perdure en el tiempo ha de comenzar en un corazón bueno, limpio, reparado: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51:10).

Pero seamos justos, después de haber tocado fondo, cuando los logros externos se habían esfumado y cuando lo único valioso que poseía era él mismo, el joven despilfarrador tuvo un acierto de luz. Seguramente recordó las enseñanzas de su padre o de alguno de sus maestros cuando allá en su hacienda era un consentido, por lo cual exclamó:  “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”. ¿Qué vemos aquí? La formidable transición de un niño engreído a un hombre humilde, con la suficiente cordura para reconocer su error y tratar de enmendarlo. De hecho la narración dice que se levantó y fue a su padre, prueba inequívoca que en su interior algo bueno había ocurrido, la transformación necesaria para convertirlo en mejor persona, en uno que “emprendió el viaje de retorno para no ser nunca más como antes, sino para hacer de su vida un ejemplo para los demás”…, ¡un triunfador! Y eso es precisamente lo que hacen quienes han decidido desarrollar su vida para convertirla en algo admirable…, salen de su círculo de mediocridad para avanzar hacia un futuro prometedor.

Así las cosas, los emprendedores y los que invierten en hacer de su vida mejor a través del desarrollo personal buscan el éxito y el triunfo, lo externo y lo interno, pero saben bien que la prioridad es lo de adentro y que luego vendrán las glorias de afuera, ésa es la fórmula correcta, el camino verdadero que conducirán a quienes transiten por él hacia el éxito integral.

Portada Creados - amarillo pato(*) El artículo leído pertenece a mi tercer libro titulado CREADOS PARA CRECER, CREADOS PARA EMPRENDER, publicado en mayo del 2016. Para seguir leyendo puede adquirir un ejemplar en formato electrónico en la siguiente página: https://sellfy.com/gabrielgil

(*) Si desea ver un trailer de este libro diríjase a este enlace: https://youtu.be/IsTSEwABEPY

(*) Gabriel Gil es Coach Integral Sistémico y Mentor de vidas; de profesión teólogo y por vocación divina pastor; además escribe post, artículos y libros. Su misión en este mundo es “guiar a las personas hacia Dios ayudándolas a mejorar sus vidas”.

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2 thoughts on “Emprendimiento y Desarrollo Personal, Dos hermanos de una misma Madre

  1. María Luz Benavides Luna 25 julio, 2016 / 11:21

    Estimado Pastor, le comento que acá en Cochabamba- Bolivia estamos siguiendo sus enseñanzas y queriamos ver la posibilidad una charla via web, puesto que estamos muy interesados en las enseñanzas que imparte, son de gran motivación para nuestro Grupo RED DE EMPRESARIOS Y EMPRENDEDORES DE SERVICIO “REYES” IDD-Casa de Oración.

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