COMENTARIOS ODIOSOS, PERSONAS ODIOSAS

11183441_10206602501838911_2029131116396638421_nSiempre han habido y siempre habrán comentarios odiosos de aquellos que te escuchan o leen, es parte de este oficio. Por ejemplo:

– Están aquellos que sacan del contexto lo que dijiste y lo tergiversan;
– Están los que se concentran en apenas una frase del párrafo desechando todo lo demás para de ahí “darte palos”;
– También están los que te hacen preguntas capciosas, ya sabes, para “pillarte en curva”;
– Existen también los que opinan con la verdad pero son bruscos/as en su forma de expresar el comentario consiguiendo con ello el rechazo del escritor y hasta del público que lee;
– Y hay los que nunca comentan nada, ni si quiera sabes que es un contacto tuyo hasta que ¡zas! aparece de la nada y comenta un post tuyo en pésimos términos, indisponiéndote con los demás.

Ahora bien, reconozco que hay muy buenos comentaristas, y no me refiero sólo a los que ponen “me gusta” en las publicaciones o que te felicitan, sino a aquellos que opinan, aportan, refutan y dan su punto de vista de manera acertada, tranquila, con fundamento y a la altura…, tales comentarios no sólo enriquecen el diálogo, contribuyen a que otros lectores quieran seguir leyendo. Pero de ellos no se trata este post, sino de “los odiosos de siempre” que han encontrado en facebook una plataforma para descargar sus frustraciones, miedos, rechazos y experiencias amargas con otras personas y organizaciones. ¿Qué hacer con ellos?

Como maestro seminarista que soy me he encontrado con alumnos así a lo largo de mi carrera. Algunos de ellos se dejaron enseñar por mí cuando en privado los corregía diciéndoles, “muchacho, debes suavizar tus comentarios, esa no es la forma de decirlo, aprende el lenguaje de las relaciones”. Habían los que me escuchaban y cambiaban para bien, y los que terminaban despreciándome y hasta hablando a mis espaldas. Pero también debí ser enérgico con más de uno pues en público avergonzaban a sus compañeros o hasta impedían que la clase se impartiera con tranquilidad…, sí, en cierta ocasión le dije a un personaje: ¡Abandona el salón!

En las redes sociales es casi lo mismo con una diferencia: ¡Todos pueden opinar los que se les de la gana! Al menos esa es la consigna de los creadores de facebook, twitter, wahtpadd, youtube y otras. No obstante, esto de “opinar lo que se me de la gana” no es tan simple para nosotros los que profesamos la fe cristiana, siempre debe haber un tono de respeto, consideración al otro y tolerancia. De ahí que esta supuesta ibertad que dan las redes puede transformarse en la oportunidad que muchos están buscando para desfogar sus flechas contra todo lo que no les parece correcto…, desde su punto de vista por supuesto. Mmmm, peligroso el asunto y por eso es que necesitamos maestros/as que nos enseñen incluso a opinar correctamente -en el tono adecuado y con las palabras adecuadas-, en las redes.

¿Qué hacer con esos comentarios odiosos y con las personas que los escriben? Yo tengo esta política: Si el comentario es ofensivo hacia una persona en particular u organización lo borro inmediatamente y le escribo un mensaje a quien lo escribió para corregirlo y decirle que cambie su tono, o que se haga responsable de sus palabras y que escriba personalmente a la persona con la que tiene el conflicto (mi facebook no es tacho de basura de nadie ni servicio de mensajería privado). Si el destinatario recibe bien mi mensaje y cambia su actitud, le permito seguir en mi círculo de redes, si en cambio se enoja y me manda al “carajo” como ya ha sucedido, ni modo, el botón eliminar contacto es de mucha ayuda…, a veces me han eliminado a mí pues saben que yo lo haré con ellos, jeje, se adelantan al hecho como para decir: ¡Me di el gusto de eliminar a ese tal Gabriel!

Ahora bien, si esa persona de los “comentarios odiosos” me permite, le ayudo a mejorar su forma de expresarse porque es muy probable que nunca le hayan enseñando a hacerlo, y quizá necesite de alguien que lo impulse, lo anime y hasta lo escuche con detenimiento. Pero ojo, nunca camino con una persona que no desea en verdad cambiar. Soy tolerante, pero todo tiene un límite y ese límite lo adquieres con la experticia que te dan las aulas.

Una persona me dijo en cierta ocasión: ¡Usted no es buen maestro porque elimina comentarios que no le gustan! “En efecto -le dije-, elimino comentarios que son groseros, ofensivos, manipuladores y sarcásticos. Esos comentarios no construyen, no aportan a las vidas de las personas, simplemente buscan que tú te sientas mejor al hacer catarsis, y mi muro no es para eso. Ahora, si soy buen maestro o no, eso debes preguntarles a mis alumnos”.

En resumidas cuentas, siempre me han gustado esos comentarios de alumnos que incluso están en desacuerdo conmigo y lo dicen, pero su forma de decirlo es tan acertada que el diálogo se hace rico, no ofensivo. De ahí que es muy importante seleccionar a quien aceptas en tu círculo social, y de tanto en tanto “podar el árbol de contactos” es una buena práctica que oxigena tu vida y te mantiene sano.

Feliz inicio de semana.
Gabriel Gil, Mentor de Vidas – Enseñándote a vivir productivamente

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