LIDERAZGO ESPIRITUAL…, ¿Y? por Mel Lawrenz

rodillasEl término es bien conocido pero poco comprendido por la mayoría de líderes. Un veterano líder me obsequió un libro el día que fui elegido líder del ministerio del campus de la universidad. Me explicó que la lectura del libro era un requisito para todos los líderes nuevos. El libro era Liderazgo Espiritual, del autor J. Oswald Sanders. Era la primera vez que leía acerca de la sinceridad, la disciplina, la sabiduría, la integridad, la humildad y otras características del liderazgo espiritual. Me resultó inspirador e intimidante a la misma vez. Sanders escribía también acerca del uso eficaz del tiempo, el arte de delegar y los costos del liderazgo. Ahora, que vuelvo a leer el libro de Sanders, me resulta algo idealizado. No obstante, el libro se ha convertido en un clásico que ha servido como fundamento para varias generaciones de líderes.

El mundo ha cambiado mucho en los cuarenta años que han transcurrido desde que Sanders escribió el libro. Es necesario considerar qué aspecto tiene el liderazgo espiritual hoy día.

Debemos iniciar nuestro análisis con la sencilla pregunta: «¿Qué es el liderazgo espiritual»? He observado que varios expertos utilizan conceptos levemente diferentes pero todos concuerdan en que el liderazgo espiritual, a diferencia del liderazgo en general, se apoya en el poder y los propósitos de Dios. Es fácil decirlo, pero es más complicado vivirlo.

A los líderes cristianos les resulta sencillo ejercer su influencia para lograr ciertos objetivos, y hacerlo en «el nombre de Cristo». Esto no es, sin embargo, lo mismo que un liderazgo que se nutre del misterioso poder y mover de Dios: un liderazgo que entiende cuándo es tiempo de avanzar y cuando es tiempo de esperar; un liderazgo que se atreve a darle la espalda a la sabiduría popular cuando a ésta la contradice la sabiduría que procede de lo alto. Se han escrito una infinidad de libros sobre el tema del liderazgo y todos poseen un denominador común: liderazgo es sinónimo de influencia. La característica distintiva del liderazgo espiritual es que asume que Dios es la única y verdadera influencia transformadora, y que nuestro rol como líderes es ser instrumentos de Dios en la obra que quiere que desempeñemos en este mundo.

Si nos parece que el ejercicio de definir el liderazgo espiritual es innecesario, tengamos cuidado. Es necesario enunciar aquellas verdades que damos por sentadas. No una sola vez, sino una y otra vez.

En el liderazgo nos enfrentamos a cuestiones relacionadas con el poder, la autoridad y la verdad. En el siglo XXI, sin embargo, la gente posee sobrados motivos para desconfiar del poder (porque en demasiadas situaciones se transforma en manipulación), de la autoridad (porque existen multitud de controladores autoritarios), y de la verdad (porque muchos se creen dueños de la verdad). Una delgada línea separa el ejercicio del abuso de liderazgo, ya sea que se ejerza en las naciones, en empresas, o, incluso, en organizaciones e iglesias cristianas. No obstante, cuando observamos a la primera generación de líderes cristianos, su esmero por cumplir la misión que Jesús les encomendó definitivamente incluyó el ejercicio de un liderazgo con poder, autoridad y verdad.

¿Cómo podemos, entonces, evitar la corrupción del liderazgo? ¿Cómo podemos asegurarnos de que, incluso, cuando utilizamos la palabra «espiritual», no estamos asumiendo una actitud de privilegio, superioridad o elitismo?

El liderazgo espiritual implica ayudar a otros a sujetarse a la influencia transformadora de Dios. Pero también significa que debemos tratar con las personas como lo que son: criaturas espirituales. El liderazgo secular muchas veces se asemeja a la tarea de arrear ganado, pero el liderazgo espiritual debe estar dirigido a los asuntos del espíritu. La teología de Imago Dei puede realizar un valioso aporte en este sentido. Los seres humanos hemos sido creados «a imagen y semejanza de Dios». En el relato del Génesis, solamente los seres humanos fuimos creados «a su imagen». Esto constituye la esencia de nuestro valor y nuestra dignidad. Al igual que Dios, somos capaces de cultivar relaciones, de tomar decisiones, ejercer una consciencia, ser creativos, morales y racionales. El pecado ha opacado, en todos los niveles, esa imagen; esto es, sin embargo, lo que debemos ser. Es decir, el liderazgo espiritual reconoce la naturaleza espiritual que existe en el ser humano y va en pos de objetivos que se alinean con el propósito que observamos en Génesis. La creación, la caída, la redención y la restauración constituyen el gran marco de la historia. El llamado de Dios al liderazgo hace responsables a los líderes empresariales, de las comunidades y de la iglesia, a maestros, a padres y a otras clases de líderes a que se alineen con ese gran marco.

En este tiempo me gusta especular acerca de las maneras específicas en que el mundo cambiaría si los líderes cristianos, cualquiera fuese su profesión, entendieran su llamado en estos términos. Las resultados serían asombrosos.

Junto con algunos colegas hemos estado preparando el terreno, en los últimos meses, para compartir un estudio y abrir un debate acerca del liderazgo espiritual hoy. Esperamos que esta conversación se pueda llevar a cabo a lo largo de varios meses. Les he pedido a estos líderes, de distintas profesiones y condiciones sociales, que compartan su experiencia y sabiduría. Una vez a la semana nos enfocaremos, en este espacio, en este tema. Lo haremos por medio de escritos, entrevistas, encuestas y otros medios. Esperamos que usted y otros líderes amigos se unan a esta discusión. Nos afanaremos por incluir las perspectivas de líderes de diferentes ámbitos y niveles de experiencia, procedentes de distintas naciones del mundo.

¿Y cuál es su opinión? ¿Cómo cree que cambiarían las cosas si recuperáramos el fundamento del liderazgo espiritual? ¿Cuáles son algunas de las cuestiones prácticas que debemos considerar para el liderazgo espiritual hoy?


Autor: Dr. Mel Lawrenz
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