Coaching y Espiritualidad Transformativa: Un Enfoque para el Cambio

Por Jimmy Zambrano R.

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Palabras Claves: coaching cristiano; coaching transformativo; espiritualidad transformativa; hábitos de pensamiento; puntos de vista.

Introducción

El coaching cristiano está logrando poco a poco un espacio significativo entre el mundo del coaching global. Pero como todo logro trae su propio desafío, al parecer el coaching cristiano debe responder a uno de los desafíos más complejos de la globalización del conocimiento, como es su diferenciación epistémica o fundacional y su marco de acciones, con relación al coaching ejecutivo, de acuerdo a los actuales desafíos de la cristiandad contemporánea. Esto significa echar raíces en la propia tradición cristiana, comprender el estado de la espiritualidad contemporánea y diferenciarse del coaching ejecutivo el cual ha surgido de un marcado ideario mercantilista y elitista. Una breve revisión de algunos conceptos del coaching cristiano de los manuales de entrenamiento (Teme & Teme, 2007) demuestra que existe un gran esfuerzo en la diferenciación en lo metodológica producto de la manera de ver el proceso de coaching. Por lo tanto, la presente disertación tiene por objetivo colaborar en la construcción del andamiaje que permitirá una relación del coaching cristiano con la tradición cristiana, la espiritualidad contemporánea y el contexto latinoamericano.

Uno de los temas que más se está escuchando en el mundo cristiano y no cristiano se acuña bajo el término espiritualidad. De hecho, hoy por hoy muchos académicos y practicantes en la educación superior están dando mucha importancia a este campo de estudio con un énfasis nunca antes visto por no considerarse un tema académico (Fontana, 2003; Tisdell, 2003, 2008; Tisdell & Tolliver, 2003). Ante la gran diversidad de conceptos y abordajes de la espiritualidad en general y la cristiana en particular, aquí se precisará de una espiritualidad contextual o transformativa, que tenga en cuenta todas las dimensiones del ser humano y las características de la sociedad latinoamericana (Martínez, 2003) a fin de transformar las realidades individuales y socio-culturales de la iglesia cristiana y su entorno natural y socio-cultural (Zambrano, 2009). En este contexto, el coaching surge como una herramienta para fomentar y desarrollar esta espiritualidad transformativa que predisponga al individuo para el cambio, debido a que el coach tiene la capacidad de comprender los procesos psico-críticos y sociales del individuo y los grupos a través del aprendizaje transformativo (Fisher-Yoshida, 2009).

coaching-personal-tbuades2Trazando una ruta hacia la espiritualidad transformativa

Hoy por hoy, la espiritualidad está captando la atención tanto de investigadores como de educadores, a pesar de estar relegada por mucho tiempo. En acuerdo con Fontana (2003) las cuatro mayores razones por las que se ha relegado este interesante campo de estudio entre los académicos y en particular entre los psicólogos, situando la espiritualidad y la religión en el mismo plano de análisis, son:

  1. La religión y la espiritualidad se ven opuestas a los presupuestos científicos. Esta oposición surge con la filosofía materialista-reduccionista de los científicos de la época de la ilustración del siglo XVII y el pensamiento científico dominante del siglo XX, para el cual toda la realidad, si existe, debe ser observable y cuantificada. Por lo tanto, para muchos científicos la religión y la espiritualidad ha sido tratada desde el plano de la superstición, cuya visión del mundo es anticuada, y sus escritos, en los que se basan los credos, con contenido míticos tales como la Creación, el Jardín del Edén, etc.
  1. La segunda razón que ha justificado la oposición de los académicos con respecto a la espiritualidad es porque ésta surge en el mundo occidental el cual se vio como contrario al progreso del pensamiento científico. Un ejemplo de ello es la hostilidad que mostró la Iglesia Católica frente a los descubrimientos astronómicos en el siglo XVI y XVII de Copérnico, Galileo, Kepler, entre otros. La razón de esta hostilidad era que los descubrimientos contradecían las doctrinas religiosas fundadas en la teoría geocéntrica del sistema ptolomáico. Aunque para otros pensadores, esta oposición oposición y hostilidad de la religión frente a la ciencia está relacionada con el reclamo del poder sobre el espíritu y la mente del ser humano.
  1. La espiritualidad también fue relegada por la necesidad del investigador de echar mano de otras fuentes de conocimiento tales como a filosofía, la teología y el arte creativo. Es decir, los académicos por un lado porque no se atreven a abordar la religión y la espiritualidad porque les demanda el manejo de una compleja matriz de disciplinas y patrones de pensamiento que están incorporados en los problemas religiosos. Esta situación se ve menos favorable por la excesiva especialización de las disciplinas y la consecuente especializada investigación contemporánea. Por otro lado, porque existe el temor de introducirse en lo esotérico, lo cual implica involucrarse en la meditación y la contemplación. Esto requiere que los académicos logren tolerar la ambigüedad y la contradicción con respecto a la materia de estudio y la expresión del interior del individuo.
  1. Por último, otra razón que ha negado el tratamiento académico de la espiritualidad es el problema metodológico. Esto se debe a que la experiencia espiritual interior del individuo no es directamente observable y nuestro conocimiento de ello depende de lo que el individuo exprese o interprete de su experiencia. Esto es más incómodo para los investigadores porque los individuos necesitan tener la habilidad de observar sus propios procesos internos, la voluntad para obtener una verdadera narración de su introspección, y la habilidad de poner adecuadamente sus procesos introspectivos en el lenguaje.

Si bien estas y otras razones han relegado el abordaje académico de la espiritualidad, en el mundo plural de hoy persiste una tendencia generalizada en explorar la dimensión espiritual de la vivencia humana. Es posible vivir fomentando la espiritualidad en medio de la maraña académica. A título de ejemplo se pueden citar a los teólogos de la liberación en América Latina que lo han logrado, entre ellos Paulo Freire o actualmente Leonado Boff.

Antes de pasar a la espiritualidad transformativa es necesario primeramente definir qué es la espiritualidad y su relación con el contexto socio-cultural. En otro momento se pudo precisar la conexión entre la adoración y el contexto socio-cultural (Zambrano, 2009), lo cual da pie para aseverar que nuestra adoración es situada. Esta aseveración está muy esclarecida con un breve análisis de Romanos 12, 1-2, donde San Pablo trata la adoración en el verso 1 ligada a la necesidad de no conformarse al sistema socio-cultural presente en el verso 2. La conciencia de este sistema socio-cultural, al cual no hay que amoldarse sino comprenderlo para transformarlo, implica reflexión crítica sobre los flujos culturales que están mediando la relación del individuo y los grupos con su entorno natural y social a través del sistema de signos y símbolos del lenguaje y la comunicación. La espiritualidad, del mismo modo que la adoración, no puede apreciarse sin las aportaciones que ofrece el multidimensional y complejo contexto social. De esta manera, una primera aproximación a la espiritualidad debe pasar por comprender o lograr conciencia del propio trasfondo socio-cultural (Tisdell, 2003).

Esta visión de la espiritualidad no ha sido siempre así. Para una revisión de la evaluación del concepto se puede revisar a Llorens (2007). Este autor afirma que la espiritualidad:

Es aquella experiencia mediante la cual el cristiano entra en un proceso de relación con Dios y la posesión de su verdad. La Palabra de Dios adquiere su dimensión y realización más plena y específica en el oír y obrar cristiano, es decir: oración y acción; contemplación y acción. De ahí que la espiritualidad cristiana es unidad y diversidad. Unidad por ser realización única del cristianismo y diversidad por realizarse de diferentes formas. Son las diferentes maneras de experimentar y fomentar la vida en Cristo. (Llorens, 2007)

Si se coincide con esta afirmación, entonces se puede puede aseverar, primeramente, que la espiritualidad no es algo que está presente solamente en la élite del liderazgo sino en cualquier creyente que desee cultivarla. Segundo, que la espiritualidad se debe a su contexto. De hecho el mismo Llorens señala que “existe una sola espiritualidad cristiana que parte del mensaje cristiano que llama a la persona; sin embargo el mensaje cristiano se realiza en una persona concreta y en un momento histórico determinado.” (Llorens, 2007). Cada momento histórico tiene claroscuros; pone énfasis en una arista de la espiritualidad pero oculta otros. A esto Llorens llama escuelas de espiritualidad cristiana. El análisis de estas escuelas demuestra que, si bien los criterios o elementos constitutivos de la espiritualidad cristiana no varían, sí cambia el contenido o énfasis de ellas según si se sitúa en el paleo-cristianismo, la edad medieval, la moderna o la contemporánea. En América Latina es ineludible el sitz im leben de su espiritualidad, pues ella recoge la manera en cómo los diversos grupos han interpretado su relación con Dios en su historia de conquistas emancipaciones culturales, económicas y religiosas.

Por otro lado, a diferencia del planteamiento de Fontana (2003), el concepto de espiritualidad si bien está relacionada con la religión no se trata de lo mismo. Al respecto Tisdell (Tisdell, 2003, 2008; Tisdell & Tolliver, 2003) afirma que la religión es una comunidad de fe organizada que ha escrito sus códigos para regular la conducta, y que la espiritualidad, por otro lado, es una creencia y experiencia personal con un divino espíritu o con un propósito superior, implica el cómo construimos los significados y lo que experimentamos, atendemos y honramos como sagrado en nuestros vidas de manera individual o comunitaria.

La relación entre religión y espiritualidad, aunque no sean lo mismo, es determinante a la hora de emprender procesos de coaching. Los individuos que han crecido en un ambiente religioso o que en su niñez tuvieron procesos de socialización religiosa, generalmente tienden a interpretar o crear significados de sus experiencias de acuerdo a esos patrones doctrinarios construidos. De hecho, los patrones de significado religioso o lo que Mezirow (1991) denomina perspectivas de significado determinan en gran manera cómo se asimila y transforma la experiencia personal o comunitaria. Por lo tanto, tratar con la espiritualidad del individuo, a través del coaching, implica un acercamiento a los supuestos religiosos presentes en la estructura epistémica, cultural y psíquica que está mediando la observación de la realidad y la interpretación de la experiencia. Si hay acuerdo en esto, entonces, se puede insistir en que la espiritualidad está situada en el cúmulo de flujos socio-culturales en que se ha desarrollo el individuo y la comunidad.

La religión no produce cambios significativos en la estructura de significados pero sí crea andamiajes socio-culturales que median la experiencia con lo sagrado. Por otro lado, la espiritualidad echa mano de la intencionalidad de la conciencia para no acomodarse al determinismo estructural (Mezirow, 1991). Por lo tanto, fomentar una espiritualidad de cambio, demanda de procesos de coaching que comprendan a profundidad el grado de dependencia de las opiniones, de la conducta y de la interpretación de la experiencia de los individuos con la perspectiva religiosa asumida como verdadera. En la medida en que esa relación sea más fuerte, el cambio será menos posible. En acuerdo con Alfaro (2007), es aquí donde ocurre la diferenciación entre religión y espiritualidad. Alfaro, comentando la diferencia que plantea Ken Wilber (1997) sobre la función translativa y transformativa de las religiones, asevera que la religión transformativa es un tipo de espiritualidad transformativa. La religión translativa es aquella que produce significados del yo a través de historias, mitos, narraciones y rituales que, puestos todos en conjunto, ayuda al yo a hacer sentido y soportar las situaciones difíciles; por otro lado está la  religión transformativa, cuya función no es fortalecer el yo sino que lo destruye provocando una ruptura con el cuerpo de creencias previas a través de la revolución. De esta manera, la espiritualidad transformativa en palabras del mismo Wilber es revolucionaria y auténtica porque no tiene que ver con cuerpos de creencias sino con lo profundidad del creyente. La espiritualidad transformativa no traduce el mundo a través de los cuerpos de creencias sino que transforma el mundo. Wilber asevera que si bien hay que promover la transformación, tanto ésta como la translación son indispensables e importantes para que la religión desarrolle su función integral.

El coaching como una alternativa para fomentar el aprendizaje y espiritualidad transformativaurl

Ya que se ha abordado la espiritualidad transformativa, es necesario puntualizar la apuesta por una espiritualidad transformativa es necesaria en la medida en que el sujeto esté predispuesto a cambiar sus marcos de referencia. Para comprender estos procesos internos, con la premisa básica que la espiritualidad se debe en gran medida a un contexto socio-cultural determinado que debe ser transformado, se toma la teoría del aprendizaje transformativo como el marco de referencia y de acción más adecuados para los procesos de cambio a través del coaching.

El aprendizaje transformativo puede ser definido como “el aprendizaje que transforma problemáticos marcos de referencia para hacerlos más inclusivos, discriminantes, reflexivos, abiertos y emocionalmente estables para el cambio” (Mezirow & Taylor, 2009: 22).

El aprendizaje transformativo no solo trata con la conducta de los individuos, sino que fomenta cambios al nivel de los marcos de referencia o perspectivas de significados. Los marcos de referencia están compuestos por dos dimensiones: hábitos de pensamiento y el resultante punto de vista. Los hábitos de pensamiento se constituyen por el conjunto de supuestos, los cuales son amplios, generalizables, y orientan las predisposiciones que actúan como filtros de interpretación del sentido de la experiencia. Algunos de estos hábitos de pensamiento son: sociolingüísticos, éticos-morales, epistémicos, filosóficos, psicológicos y estéticos. Por otro lado, los puntos de vista se componen de un conjunto de esquemas de significado, es decir, de un grupo de expectativas específicas, creencias, valores, sentimientos, actitudes y juicios que tácitamente dirigen y forman una específica interpretación y determinan cómo juzgamos, tipificamos los objetos y atribuimos causalidad. (Mezirow, 2000)

El aprendizaje transformativo no ocurre por etapas lineales ni en un tiempo definido. Es un proceso que depende de la apertura del individuo. Según Mezirow (Mezirow, 1991, 2000; Mezirow & Taylor, 2009) las fases del proceso transformativo son:

  1. Un dilema desorientador
  2. Auto-examen con sentimiento de culpa y vergüenza
  3. Autoevaluación crítica de los supuestos epistémicos, socioculturales y psíquicos.
  4. Reconocimiento de la conexión entre el descontento y los procesos de transformación.
  5. Exploración de nuevos roles, relaciones y acciones.
  6. Planeación de un curso de acción.
  7. Adquisición de conocimientos y destrezas para implantar el propio plan.
  8. Ensayo provisorio de los nuevos roles.
  9. Construcción de competencias y autoconfianza en los nuevos roles y relaciones.
  10. Reintegración a la propia vida de acuerdo a los condiciones logradas por la nueva perspectiva.

Estas fases pueden darse o no en el mismo orden o puede que algunas no se den. En este contexto, como bien se argumentó en la anterior sección, la espiritualidad está muy ligada al procesos transformativo. Al respecto O’Sullivan manifiesta:

Yo creo que cualquier tratamiento a profundidad de la educación transformativa debe direccionar el tópico de la espiritualidad, y que los educadores deban preocuparse por el desarrollo del espíritu en su más fundamental nivel. La educación contemporánea ha sido eclipsada por la dimensión espiritual de nuestro mundo y universo. (O’Sullivan, 1999: 259)

En este contexto, el coaching cristiano debe generar procesos de cambio en la espiritualidad del individuo a partir de profundos procesos de aprendizaje. Estos procesos pueden ocurrir al menos en una de las siguientes cuatro vías:

  1. Por la re-elaboración de existentes marcos de referencia.
  2. Por la elaboración de nuevos marcos de referencia.
  3. Por la transformación de los puntos de vista.
  4. O por la transformación de los hábitos de pensamiento.

El siguiente cuadro, propuesto originalmente por la profesora Patricia Cranton (2006) ilustra el abordaje a los hábitos de pensamiento de acuerdo a los diversos niveles de reflexión. Este cuadro ofrece al coach una visión general del abordaje a los hábitos de pensamiento del individuo a fin de iniciar un proceso de coaching reconociendo de primera mano la estructura de significado que está explicando la experiencia o la actitud determinada.

Siguiendo algunas de las recomendaciones de Cranton, a continuación se ofrece unas directrices de acción que comprometen el tratamiento de la espiritualidad a fin de que produzca cambios profundos y revolucionarios. Es necesario insistir que la espiritualidad transformativa no debe ser obligada sino voluntaria. Por lo cual, el coach cristiano debe ayudar a que el individuo se empodere de su propia espiritualidad y por ende de sus relaciones, sus interpretaciones de su propia biografía y su necesidad de cambio. Para ello pueden o no proceder las siguiente recomendaciones:

  1. Conciencia del poder de las relaciones. El coach puede fomentar una visión crítica del individuo frente a las determinaciones que se impone o le imponen a diario las demás personas. Una forma de analizar el poder de las relaciones es comprender a cuáles de ellas se resiste y encontrar las razones de ello. Las relaciones muestran intereses individuales o colectivos, los cuales se pretenden a través del ejercicio del poder sobre otros. La espiritualidad transformativa conlleva la conquista de la libertad frente a los procesos opresivos estructurales. Evidentemente estos procesos se hacen consciente cuando el individuo evita la imposición. Esto es importante porque permite dilucidar los supuestos que se intercambian en las relaciones de poder y los mecanismos de control.
  1. Empoderamiento a través del discurso. El discurso se refiere al diálogo que involucra la evaluación de nuestras creencias, sentimientos y valores que estructuran la espiritualidad. Aquí el coach debe identificar los supuestos cuando se dan intercambios comunicativos entre los individuos. Implica una apertura del pensamiento, empatía y evitar el juzgamiento, a fin de invitar a los demás a evaluar el origen de las afirmaciones. Para ello es útil sugerir el tratamiento de puntos de vistas contradictorios a fin de estimular los diversos puntos de vista y visualizar otras alternativas de acción y relación.
  1. Toma de decisiones. El coaching debe fomentar la autodirección y responsabilidad en la toma de decisiones. La autodirección no es opuesta a la espiritualidad, pues la autodirección implica que el individuo logre indagar su riqueza espiritual heredada así como reflexionar acerca de los cambios en los hábitos de pensamiento y puntos de vista. Además, la autodirección asegura que el individuo planee su propio curso de acción así como el ensayo de nuevos roles, organice los métodos de evaluación de sus propios supuestos religiosos que están en juego, así como la aceptación o no del nuevo modo de vida.

Por último, una técnica que se recomienda usar en el proceso de coaching es el diario o journal. Esta técnica ha sido usado en muchas áreas del conocimiento para diversos propósitos. Con el propósito de estimular la auto-reflexión crítica y el auto-conocimiento, el couch debe hacer hincapié en la necesidad de articular los supuestos, los pensamientos y sentimientos acerca de las cuestiones en consideración. Para comenzar un diario, primeramente se podría dividir cada página en dos partes a través de una línea vertical en el centro. Use un lado para redactar observaciones y descripciones y el otro lado para pensamientos, sentimientos, experiencias relacionadas o imágenes provocadas por las descripciones. Cuando se cuente con contenidos, se puede proceder con la exploración de temas específicos tales como: mis pensamientos sobre las metas de mi carrera, mi rol como ministro en la iglesia, la influencia de mi pasado en mi interpretación de las descripciones, etc.

Bibliografía

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Jimmy ZambranoAutor: Jimmy Zambrano. En el 2001 obtuve el Bachillerato en Teología en el Seminario Bíblico Cuadrangular y en 2002 el grado en Teología en el Seminario Sudamericano; en el 2007 el grado Licenciado en Ciencias de la Educación, Especialidad Administración Educativa en la Escuela Politécnica del Ejército; en el 2010 el grado de Master of Theological Studies por la Vision International University en convenio con el Seminario Sudamericano; en el mismo recibí el Certificado Honorífico de Coach Cristiano por Método CC; en el 2011 la Especialidad en Entornos Virtuales de Aprendizaje en el Centro de Altos Estudios de la Organización de los Estados Iberoamericanos y Virtual Educa; en el 2012 el Máster en Recursos Humanos y Gestión del Conocimiento por la Universidad de León de España; en el 2014 logré el Máster en Educación a Distancia en la Universidad de Loja, y actualmente soy Candidato al PhD del Welten Institute de la Open University of the Netherlands, investigando las implicaciones de la experiencia grupal y el dominio de conocimiento específico en el aprendizaje colaborativo. Además, estoy trabajando en una investigación sobre la teología cristiana de la imago Dei. 

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