EL SECRETO QUE LOS HOMBRES CALLAN

Adaptado del artículo “El Secreto que los Hombres Callan, Cuando él parece enojado o retraído, tal vez no sea lo que tú crees”, por Susan Freinkel.

Ric Weaver, sargento de la policía de Rochester, Nueva York, pensaba que la tristeza no era de hombres, y al sufrir una depresión grave la expresó con otro sentimiento: la ira. Para él, que había dirigido una brigada de armas y tácticas especiales y participado en concursos de fisicoculturismo, enojarse era más varonil… y más fácil.

Weaver, de poco más de 30 años y padre de tres hijos, se encontraba en un estado casi constante de rabia contenida. “De un momento a otro pasaba de estar bien a gritarles a mis chicos y golpear la pared”, cuenta. “Mis hijos preguntaban, ¿Qué le pasa a papá? ¿Por qué está siempre tan enojado?”. Pasaron años sin que Weaver supiera lo que le sucedía.

La idea de que estuviera deprimido no se le ocurrió hasta que la máscara de enojo se desmoronó y lo dejó sumido en una desesperanza total. Por fin, una noche se permitió llorar y le confesó a su esposa: “Todos los días pienso en el suicidio”.

La confusión de Weaver no es inusual. Hay una gran cantidad de hombres en todo el mundo que padecen depresión. Aun así, según los expertos, con demasiada frecuencia los varones afectados no reconocen los síntomas ni se atienden.

“A los hombres no les es fácil pedir ayuda”, señala el doctor Thomas Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

William Pollack, doctor en sicología de la Universidad Harvard, quien dirige el Centro de Atención a Hombres del Hospital McLean, sostiene que el índice de depresión varonil casi podría igualar al de las mujeres: basta considerar que la tasa de suicidios es cuatro veces más entre ellos.

Según Pollack y otros especialistas, la depresión varonil pasa inadvertida porque, contra lo que ocurre con las mujeres, rara vez se ajusta a los síntomas descritos en los libros.

En contraste con las mujeres, “cuando los hombres acuden al terapeuta no es para decirles que se sienten tristes o deprimidos”, explica Sam Cochran, doctor en sicología de la Universidad de Iowa. “Mas bien se quejan de problemas en el trabajo o de su desempeño laboral”. Lejos de llorar para desahogarse, son más propensos al enojo y a la furia. “Su tristeza y desamparo se esconden tras una máscara de ira”, dice Pollack. Por desgracia, ni los hombres ni sus médicos suelen reconocer este síntoma.

“Los hombres tienden a violentarse” para no enfrentar emociones incómodas, añade el doctor Frederic Rabinowitz, sicólogo de la Universidad de Redlands, California, que atiende sobre todo a pacientes varones. Si se sienten mal, buscan pleitos en el empleo o en casa, se retraen de la familia y los amigos, se obsesionan con el trabajo o los pasatiempos o, lo peor, recurren al alcohol, las drogas o “mujeres fuera de casa”.

Sea cierto o no que los hombres sufren más de lo que indican las estadísticas, sin duda muchos padecen depresión, y los expertos coinciden en que, como ocurre con las mujeres, cuanto más tardan en atenderse, peores son las consecuencias.

Con el tiempo Eric Weaver superó su trastorno, después de hospitalizarse varias veces, tomar medicamentos y, por último, abrazar la religión. Se retiró de la policía y es Pastor Adjunto en su iglesia. “Aún tengo un mal día de vez en cuando, pero ahora me doy cuenta y lo afronto”, dice.

Ahora bien, ¿Qué dice la Biblia al respecto? Leer y repetir ciertos versículos bíblicos proporcionan una increíble paz interior difícil de explicar.

Salmo 42:5-6. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera a Dios, porque aún le he de alabar. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios! Mi alma está abatida dentro de mí.

2 Corintios 4:8-9 y 16-18. Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos… Por tanto, no desmayamos; más bien, aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día. Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.

Salmo 23:1-6. Jehová es mi pastor; nada me faltará. En prados de tiernos pastos me hace descansar. Junto a aguas tranquilas me conduce. Confortará mi alma y me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Preparas mesa delante de mí en presencia de mis adversarios. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por días sin fin.

Salmo 91:1-2. El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Todopoderoso. Diré yo a Jehová: “¡Refugio mío y castillo mío, mi Dios en quien confío!”

Romanos 8:18 y 28, 31, 38-39. Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada… Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito… ¿Qué, pues, diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?… Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

2 Corintios 12:9 y me ha dicho: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.” Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

Apocalipsis 21:4. “Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron.”

Salmo 55:22. Echa tu carga sobre Jehová, y él te sostendrá. Jamás dejará caído al justo.

2 Corintios 1:3-4. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación.

Siete Consejos Bíblicos para Combatir la Depresión:

  1. La depresión puede ser aliviada con la meditación paciente en la Palabra de Dios y confiando en la disposición divina. Está en la Biblia, Salmo 42:6, “Dios mío, mi alma está abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizar”.
  2. La oración es clave para tratar la depresión. Está en la Biblia, 1ª Samuel 1:10, “Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente”.
  3. Es útil considerar las bendiciones recibidas. Está en la Biblia, Salmo 107:8-9 “Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta”.
  4. La alabanza a Dios puede eliminar la depresión. Está en la Biblia, Salmo 34:1-3, “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre”.
  5. La música cristiana puede ayudar a disipar la depresión. Está en la Biblia, Salmo 33:1-3, “Alegraos, Oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, aplaudiendo con júbilo”.
  6. El sentirse deprimido y desanimado no perdura para siempre. Está en la Biblia, Salmo 30:5, “Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”.
  7. El guardar la ley de Dios puede ayudar al deprimido a conseguir paz. Está en la Biblia, Salmo 119:165, “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”.

Conclusión.

Por último, nuestro Señor Jesucristo se presenta a sí mismo como el Ayudador de nuestras cargas físicas, emocionales y afectivas. Dediquemos tiempo a buscar la presencia de Dios, presencia que se hace manifiesta en Cristo. “Ustedes viven siempre angustiados; siempre preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar” (Mateo 11:28).

Concluimos con un último consejo práctico. Es saludable tener un compañero del alma, es decir, un amigo con quien compartir penas y alegrías. La Biblia lo afirma: “El amigo siempre es amigo, y en los tiempos difíciles es más que un hermano” (Proverbios 17:17).

Esposas, les animo a estar alertas ante los síntomas de sus hombres y atacar a la brevedad posible esta enfermedad, que de no hacerlo puede prolongarse hasta acabarlo.

Un aporte de Gabriel Gil Arancibia, Mentor de Vidas – http://www.menthor.cl

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2 thoughts on “EL SECRETO QUE LOS HOMBRES CALLAN

  1. Verlo Araya 11 enero, 2015 / 12:05

    Es de mucha bendición estar continuamente leyendo artículos como los del pastor Gabriel Gil . Artículos que edifican el alma y nos llevan a crecer en nuestra vida diaria. Lejos lo mas importante esa enseñanza de llevarnos continuamente a vivir con esperanza esa esperanza que solo Jesus nos puede dar, me encantaría que mis amigos no creyentes aún, pudieran recibir estos artículos en sus correos, sin lugar a dudas les acercaría mucho mas a Cristo. Adelante pastor Gabriel con su ministerio es de mucha bendición para la sociedad de hoy.

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  2. Bertha Arce 10 enero, 2015 / 23:38

    Infinitas gracias, cada articulo educa inmensamente,que nuestro padre sobre abunde su entendimientoy recoja a sus hijos, que necesitamos agua fresca y avanzar al encuentro. Amen

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