¡NO TE EXIJAS TANTO!

STEINERQuizá por la manera en que me formaron mis padres (lo cual agradezco mucho) siempre he luchado por hacer las cosas bien, ya saben, buscar la excelencia en todo, lo cual me ha llevado a querer más de la vida, no conformarme -pero sí contentarme-, aspirar a lo mejor. Este tipo de comportamiento me ha dado grandes ganancias de todo tipo: Una esposa maravillosa, dos hijas bellas, salud firme, hábitos productivos, una red de contactos que me permiten disfrutar de su compañía, una profesión que me gusta, una vocación que me permite cumplir con mi propósito en la vida y finanzas suficientes para llevar una vida cómoda; sin embargo, las consecuencias han sido a veces desgastantes.

El síndrome de la auto-exigencia es muy común en personas como yo, que buscamos el éxito, pero que de no controlarnos podemos llevar nuestra vida a la ruina y acarrear a nuestros seres queridos al “abismo de la perfección”. Sí, la perfección es un espejismo bello en medio del desierto de la mediocridad, pero es eso… un espejismo, nada más que una ilusión engañosa que atrae a ingenuos viajeros sedientos de excelencia, logros, metas y sueños. ¿Es malo entonces exigirse a uno mismo? ¡Claro que no! pero todo en su justa medida, todo en sano equilibrio.

Me di cuenta que sufría de “autoexgencia desmedida” años atrás cuando daba clases en Semisud, un importante seminario teológico en Quito, Ecuador. Allá fui profesor de varias cátedras y según dicen algunos de mis ex-alumnos era buen docente. Pero algo no andaba bien en mí… ¡creía que podía ser el mejor! El ego-docente se había apoderado de mí. Lo disimulaba tan bien que yo mismo me lo creía, pero por dentro luchaba por ser el mejor catedrático, dar las mejores clases, las más “sabias reflexiones”, los aportes más profundos, y en ese correr llegué a exigirme más de la cuenta, a leer más páginas de las que mi cerebro podían asimilar, a decir “sí” a demasiados compromisos. Acepté más cátedras de las que mi cuerpo podía soportar, fui a dar clases al extranjero y también a otros seminarios locales; lo estaba logrando, mi “fama” (jaja, suena ridículo, pero el ego-docente es un arma sigilosa) se estaba extendiendo. Sin embargo, los costos serían muy altos, mi salud física, emocional y mental se verían afectadas. La autoexigencia se había apoderado de mí hasta que por fin el ataque de estrés vino, mi cuerpo se desplomó y mi espíritu se quebrantó, había puesto en peligro mi vida, ¡qué estúpido fui!… ¿Qué hacer?

Desde aquel bendito país Ecuador (mi segunda casa) lucho por no sucumbir ante la auto-exigencia desmedida. Por eso escribo estas sinceras líneas pues quizá le sirva a alguno de mis lectores, pero les ayudará mucho más la lectura de un pasaje bíblico que nos dice lo importante de buscar el equilibrio en la excelencia:

“Así que, ¡no seas demasiado bueno ni demasiado sabio! ¿Para qué destruirte a ti mismo?” (Eclesiastés 7:16).

Este versículo me dice a mí: “Gabriel, no te exijas tanto, no seas demasiado rígido contigo mismo, no te pongas metas tan altas, estándares muy elevados, objetivos muy pesados… ¿quieres destruir tu vida?”. ¡Guau! No saben lo potente que es leer esto y entender que Dios mismo me está cuidando, protegiéndome de mi mismo, es el Señor quien me enseña a “no tomarme la vida tan en serio”, frase que había escuchado de mis mentores pero que no me gustaba y por lo mismo no la aplicaba, pero hoy sí; en realidad, hace años que vengo practicando esto de equilibrar mi vida entre la exigencia y la tolerancia. No obstante, no es fácil. Es una batalla mental que viene a mí día a día, ¿pero saben qué? Lo estoy logrando, estoy venciendo, Dios me ayuda a disfrutar la vida, a reír más, permitirme errores, fallas y caídas -pero sin abusar-, porque al fin de cuentas entendí que soy polvo. ¡Somos polvo que muestra la excelencia de Dios, no la nuestra!

Algunos Tips de Interés que pueden Ayudarte.

1. Cuídate de la Perfección.

¿Perfección? Alcanzarlo puede conducir al individuo a un estado de estrés, angustia y al agotamiento físico y mental; sin embargo, no son las únicas consecuencias, la auto-exigencia desmedida puede arruinar tu vida.

Las personas auto-exigentes sostienen un alto nivel de aspiración que las liga a un estado permanente de ansiedad, tensión y frustración. Todo ello hace que sufran un malestar significativo y su comportamiento condiciona su vida familiar, afectiva y laboral; así lo define Silvana María especialista de la Escuela de Psicología Social de laUniversidad de Quilmes en Argentina.

2. Auto-exigencia, lo bueno y lo malo.

Como todas las cosas, ser auto-exigente refiere a dos lados opuestos de una moneda, por un lado la auto-exigencia trae consigo algo positivo, ya que gracias a ella te pones metas, objetivos y logros que has alcanzado, es como si fuera una pila que te da energía para continuar esmerándote y superándote en tus actividades y relaciones, es un afán de perfección que te ayuda a sobrellevar los errores y conseguir el éxito, pero cuando es exagerada y se trata de tenerlo todo bajo tu control, es peligrosa para ti, así como para los que conviven contigo. Una exigencia desmedida es más el afán de hallar la perfección en cualquier aspecto de la vida. Entonces una actitud que podría ser sana y hasta virtuosa pasa a constituirse en patológica, conduciendo a la angustia, agotamiento físico y mental, y hasta a un fuerte cuadro de estrés.

3. Metas en su Justa Medida.

Proponerse metas a sí mismo es bueno para alcanzar sus objetivos, pero requerimientos altos que a veces no son realistas y terminan por frustrarlo, le harán sentir que nunca alcanza sus propios objetivos, por ello se sentirá mal cada vez que no puede cumplir algo. Fije metas de acuerdo a sus intereses a corto, mediano y largo plazo teniendo en cuenta sus posibilidades y habilidades.

4.Técnica de Externalización.

Las personas con tendencia a la perfección se centran únicamente en la tarea que tienen entre manos, dejando de lado el entorno en que se desarrolla esa situación. Si te fijas, a tu alrededor existen un conjunto de aspectos que no tienes en cuenta, que te podrían ayudar a no obsesionarte buscando el fin más adecuado. Aprende a mirar a tu alrededor y no sólo con visión de túnel.

5. Errores, parte de aprender. 

Equivocarse es humano. La mayoría de los errores que se cometen en un  día no suelen tener consecuencias trágicas, sino que se pueden subsanar. Desdramatiza los errores y lo trágico de la realidad, para ser más tolerante contigo mismo.

6. Una persona vale más allá de lo que tiene o logra. 

Si bien todos quieren ser aceptados y queridos, los afectos no son exclusivos al éxito laboral o económico. Quienes nos quieren, lo hacen por lo que somos, no por lo que hacemos o por cómo nos va.

7. Elimina de tu vocabulario la palabra “pero”. 

Es una palabra empleada por personas perfeccionistas en donde se antepone lo negativo a lo positivo.

8. Da el valor que tienen las cosas. 

Propónte no preocuparte tanto por los resultados, sino estar más atenta al proceso. Ponle el acento en el sentido que tienen las cosas y dale la importancia que realmente merecen.

9. Desacelera.

Vamos por la vida a 140 Kilómetros por hora, haciendo mil cosas a la vez, de un compromiso a otro, de una actividad a otra. Si no pones atención a este estilo de vida lo inevitable vendrá, te vas a estrellar. Ante esto hay una solución sencilla pero requiere compromiso de tu parte: Poner el freno, decir NO más seguido y permitirte descansar sin sentirte culpable.

10. Entrega tu carga a Dios.

Esto es lo primero en realidad pero lo puse al final intencionalmente. A los perfeccionistas les encanta tener el control de la situación -cualquiera sea ésta-, no obstante, has de entender que hay situaciones que simplemente escapan a tu control. Lo más sabio que puedes hacer es entregar tu lucha a Dios. Cristo lo dijo de esta manera: “vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, yo les haré descansar” (Mateo 11:28). ¿Cómo hacer esto? Deberían leer mis notas “Vidas sobre cargadas” o bien mi artículo “Terapia de Dios para vidas cansadas”, quizá les ayude.

El tema de la “perfección o auto-exigencia desmedida” es tan complejo que esta simple nota no es suficiente. Recomiendo la lectura de este artículo: “La autoexigencia como generador de estrés, angustia y vacío existencial” de Jenny Cohen Asse, les hará bien.

Por último agradezco que me hayan leído y espero sinceramente haber contribuido a vuestro crecimiento al compartirles mi experiencia de vida. ¿Podrías compartir esta nota con alguien que estimes mucho y que se está exigiendo demasiado a sí mismo?


527781_3934342434666_234119350_nGabriel Gil es coach integral sistémico y mentor de vidas, de profesión teólogo. Su propósito en este mundo es “guiar a las personas hacia Dios ayudándolas a mejorar sus vidas”. Es fundador y director de MENTHOR, Consultora en Desarrollo Humano. A través de esta consultora ha impartido seminarios presenciales, talleres y charlas desde México a Chile; y seminarios virtuales (webinarios) a varias personas en diferentes Continentes. Muchos líderes han logrado subir su nivel de eficiencia personal y organizacional con los programas de entrenamiento que Gabriel ha creado.

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3 thoughts on “¡NO TE EXIJAS TANTO!

    • GabrielGil 6 octubre, 2016 / 08:21

      Muy buena oración María Elena, cuando le pedimos a Dios ayuda para vivir la vida de manera equilibrada Él sí que responde.

      Le gusta a 1 persona

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