NO TE OLVIDES DE MÍ

¿Te has sentido olvidado por alguien a quien hiciste un favor o con quien has sido bueno? ¿Le has pedido a un amigo, compañero, familiar que recomiende tus servicios, tu trabajo, tu producto, tu idea pero nada pasa? ¿Te hiciste expectativas de que la fortuna te volvería a sonreír porque una persona prometió ayudarte pero nunca lo hizo? Si te sientes identificado -al igual que yo-, déjame decirte que esto mismo le ocurrió a un personaje bíblico, uno que fue recto en su manera de vivir pero que igual fue a dar a la cárcel por un crimen que no cometió. En prisión conoció a un alto funcionario del gobierno a quien interpretó un sueño que se cumplió a cabalidad. Este funcionario a quien las Escrituras lo identifican como “el jefe de los coperos del faraón” salió en libertad, pero antes de su partida el joven José le dijo suplicante: “Yo le ruego que no se olvide de mí. Por favor, cuando haya salido de aquí, háblele usted al faraón para que me saque de esta cárcel” (Génesis 40:14).

¿Qué creen que pasó? Se los pongo así:

– Alternativa A: el copero una vez instalado en palacio intercedió a favor de José para que lo sacaran de la cárcel. Lo hizo porque recordó la fidelidad de José, su buen trabajo y su don especial para interpretar sueños.

– Alternativa B: el copero no intercedió por él, en vez de eso oró todos los días por la vida de José, ya saben, la típica frase evangélica…, “estaremos orando por usted”, ¡anda a saber si de verdad oran por ti! (jeje). Bueno, debo ser justo en esto, hay personas que en verdad oran por uno cuando lo dicen, pero son pocas (doy fe que hay personas que oran por mí y lo agradezco).

– Alternativa C: el copero echó al olvido a José, no se acordó más de él. Se dio la gran vida mientras el otro se podría en el calabozo como un maldito de la sociedad.

Bueno, no hace falta ser exégeta para saber la respuesta, pero si tenemos dudas quizá debamos leer el versículo 23 que dice así: “Sin embargo, el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él por completo”. ¿Te ha sucedido esto? ¿has sentido el olvido, el abandono, la marginación de aquellos a quienes has ayudado o a quienes serviste o sirves aún? Bueno, ahora ya sabes lo que sintió José.

Así las cosas, ¿qué sentimientos se produjeron en la mente de este hombre? ¿cuáles fueron los pensamientos que cruzaron por su mente? ¿se habrá sentido decepcionado de todo y de todos? Es posible, ¿por qué no? Nos encanta idealizar a los personajes bíblicos y elevarlos a alturas que a nosotros, simples mortales, nos sería imposible llegar. Me atrevo a afirmar que el miedo, la desesperanza y la desolación rondaron el corazón de José como un fantasma que buscaba atormentarlo… ¡Oh Dios, yo mismo he sentido esos sentimientos! Y sin embargo, Dios no olvida, el hombre sí.

La Biblia dice que “dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño… Entonces el jefe de los coperos le dijo a faraón: Ahora me doy cuenta del grave error que he cometido” (41:1 y 9). El error al que se refiere es que dejó en la cárcel -sin hacer nada por él-, a su compañero de celda, a pesar de que José le había encargado… “¡no te olvides de mí! Una equivocación que le costó dos años de vida para el pobre José. Claro, nosotros nos apresuramos a interpretar que esos años Dios estuvo con él y por tanto fue para beneficio del mismo José (“a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien”), pero… ¡¿por qué rayos debemos pasar por adversidades cuando hay gente que tiene el poder para ayudarnos?! Perdón por el exabrupto, quizá estoy empatizando con José, quizá hablo por mí mismo, quizá estoy interpretando el dolor de más de algún alma que me está leyendo hoy. Pero esto debemos aprender: Si tenemos la oportunidad y la capacidad de ayudar a otros, sobre todo a quienes nos han ayudado a nosotros, hagámoslo sin demora. No retengamos la bendición.

Ahora bien, el olvido es parte de la naturaleza humana, es algo que va intrínsecamente en nuestro ser. Si hasta Cristo fue olvidado por los suyos allá en la Cruz del Calvario. ¿Dónde quedaron los minusválidos sanados? ¿los leprosos limpios? ¿los ciegos que ahora podían ver? Apenas un puñado de valientes mujeres se mantuvieron fieles a Jesús hasta el final, pero todos aquellos que recibieron beneficios por parte del Maestro se olvidaron de él. ¿Será por eso que el crucificado exclamó con tanto dolor… ¡eloi eloi lama sabactani!? Él también experimentó el dolor del rechazo, del abandono, de la marginación, la decepción y las ilusiones rotas. Y si Cristo fue olvidado, ¿cuanto más nosotros?

No obstante hay que ser justos, hay un Dios al que tú y yo servimos que jamás olvida, es el Dios que estuvo con José allá en el pozo profundo y con el Nazareno en ese vil madero, es el Dios que dijo “nunca te dejaré, jamás te abandonaré” (Hebreos 13:5), y que a diferencia del copero real, cumple sus palabras en el tiempo perfecto, en el kayros divino.

ORACIÓN: Oh Señor, ayúdame a lidiar con la decepción, con los sentimientos de abandono, con la tristeza de ver cómo las promesas hechas por el hombre no se cumplen; pero dame confianza y alegría de saber que a veces tardas, pero no olvidas. Amén.

Nota: Etiquetaré a algunos de mis contactos NO porque les esté enrostrando nada, sino porque deseo que esta reflexión pueda llegar a más personas en mi radar de facebook. Quien sabe si estas líneas ayudan a algún “olvidado”. Siéntase en libertad de compartir también

Un aporte de Gabriel Gil – www.menthor.cl

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