EL QUE SE CONECTA CON DIOS RESULTA EN BENDICIÓN PARA MUCHOS por Tito Apéstegui

Sermón predicado el domingo 18 de febrero del 2007, por Tito Apéstegui en “Capilla del Valle”, Valle de Los Chillos, Ecuador. Editado por Gabriel Gil.

TEXTO DE ESTUDIO en 2ª Reyes 7:3-10, “Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?
7:4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
7:5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.
7:6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
7:7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.
7:8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.
7:9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.
7:10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto”.

INTRODUCCIÓN.  El trasfondo histórico del pasaje es éste:

  • Corría el siglo VIII a.C. El poderoso imperio asirio sitió (rodeó) la capital de Israel, Samaria. Por largos meses los caminos y ríos de Samaria fueron bloqueados, poco a poco el hambre comenzó a hacer presa de los israelitas (ver 2ª Reyes 6:24-30) a tal punto que las cabezas de los asnos y el estiércol de las palomas se vendían a precios muy altos, incluso el canibalismo se dejó ver entre los samaritanos sitiados.
  • El profeta Eliseo inspirado por Dios emite un mensaje de esperanza para el pueblo de Dios: Jehová mostraría su poder a través de medios insospechados (ver 2ª reyes 7:1-2). Recordemos siempre esto: “Dios utiliza lo ordinario para realizar lo extraordinario”.
  • El hambre y la sed serían por fin aplacadas por Dios, pero para esto el Señor se valdría de cuatro leprosos, hombres afectados por una de las enfermedades más terribles y asquerosas de todos los tiempos. Cabe hacer notar que para los tiempos antiguos los leprosos simbolizaban la maldición de los dioses, esta regla no era una excepción en Israel. Dios nos quiere dar una lección aquí: “Él convierte nuestra maldición en bendición”.
  • Estos cuatro hombres leprosos se convertirían en los salvadores de Israel. ¿Cómo? Ellos decidieron ser de bendición para los demás, ellos decidieron compartir la bendición de Dios a los necesitados.

Los personajes de la Biblia que han tenido un encuentro con Dios no se han quedado sólo con la experiencia del encuentro, ellos han ido más allá. Luego de ese encuentro  han recibido una misión. Es decir que “un encuentro divino debe llevarnos a una misión”.

Tenemos ejemplos como Abraham, Moisés, Isaac y tantos más que luego de haberse encontrado con Dios fueron comisionados por Él con una misión específica.

Debemos conectarnos con Dios, pero ¿para qué?. Nos conectamos con Dios para ser de bendición a otras personas. Cuando uno se conecta con Dios debe convertirse necesariamente en un puente, un canal un conducto de bendición para la comunidad. Así entonces el cristiano debe bendecir a otros, ¿cómo? Compartiendo a Cristo a los demás.

Algunas preguntas se hacen  necesarias antes de continuar nuestro sermón. ¿Estoy sirviendo a los demás? ¿Estoy siendo de bendición para otras personas? Recordemos las emblemáticas palabras del Dr. Martin Luther King, “Cuando el hombre no sabe servir, no sirve para vivir”.

CUERPO O CONTENIDO.

En los versículos leídos (2ª Reyes 7:3-10) encontramos algunos pasos para ser bendición a los demás, esa en nuestra misión como cristianos e Iglesia.

1º Tomar conciencia de mi situación (v. 3). Nótese la pregunta que se hicieron los leprosos, una pregunta que denota su estado de conciencia. ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué hago en Capilla del Valle? El primer paso es tomar conciencia de lo que estoy haciendo en la iglesia, qué estoy haciendo como cristiano. Para ser bendición a otros lo primero es analizar mi situación, ¿soy un cristiano pasivo o activo?

2º Trazar estrategias (v. 4). Los leprosos se pusieron a pensar y a planificar en lo que debían hacer respecto a su deplorable situación de hambruna. Luego de tomar conciencia es necesario planificar qué hacer. No basta entonces con preguntarnos por mi situación presente en la iglesia, ahora debemos planificar para el futuro, es decir; ¿qué haré mañana en la iglesia? ¿cómo puedo servir más y mejor en mi comunidad cristiana? Es necesario crear estrategias para esto, es necesario hablar con algún líder o pastor de la congregación para manifestarle mi interés en trabajar en la Obra del Señor.

3º Actuar (v. 5). Podemos notar que con toda resolución los leprosos decidieron actuar, ellos se levantaron y fueron al campamento militar de los asirios. Una vez que hemos pensado en lo que queremos hacer en la Obra del Señor (ujier, hospitalidad, solidaridad, barrer el templo, predicar a los enfermos, etc., etc., etc.), debemos poner manos a la obra. No basta las intenciones, esas intenciones deben poner en marcha. “Cuando el hombre actúa, Dios también actúa”. Dios no utiliza a los pasivos, sino a los activos. Dios no utiliza a gente desocupada, sino a los más ocupados.

4º Ver el obrar de Dios (vv. 6-7). Cuán grande fue la sorpresa de los leprosos que ellos vieron el obrar de Dios, el campamento de los asirios estaba abandonado y en él quedaron la comida, dinero, caballos y muchas cosas más. Sólo cuando el ser humano actúa Dios obrará en poder y gloria, solo entonces veremos el portento de Dios, pero para ello es necesario actúar primero.

5º Disfruta las bendiciones (v. 8). Los leprosos se dispusieron a disfrutar las bendiciones de Dios, ellos no menospreciaron las bondades del Creador, ellos a pesar de su maléfica enfermedad gozaron la gracia del Señor. Las bendiciones de Dios se dejan ver constantemente, pero no sólo debemos ver esas bendiciones, debemos disfrutarlas. Aprendamos a disfrutar las bendiciones de Dios. Hay personas que no disfrutan las bendiciones de Dios, hay personas que no viven la vida, hay personas que se amargan tanto por lo que no tienen que no disfrutan lo que sí tienen. Un cristiano sano es aquel que ha aprendido a disfrutar la vida (Juan 10:10).

6º Compartir las bendiciones (vv. 9-10). Sin embargo, los leprosos no fueron egoístas, ellos reflexionaron y dijeron: “No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva y nosotros callamos… Vamos pues, ahora, entremos y demos la buena en casa del rey”. No hay que ser egoístas, como cristianos debemos compartir las bendiciones a los demás. El egoísmo, la mezquindad, la tacañería no deben ser parte de la cristiandad. Dios quiere utilizarnos para compartir las buenas nuevas de salvación a toda la humanidad. La iglesia no debe “engordarse”, esto no es sinónimo de crecimiento sano; sino, debe crecer en todas las direcciones. El cristiano crece cuando comparte las bendiciones a otros. Debemos compartir a Cristo a las personas que no le conocen.

CONCLUSIÓN.

Que Dios nos ayude a conectarnos con Él para así bendecir a otros. No debemos ser cristianos estériles, sino fértiles, ¿cómo? Predicando de Cristo, anunciando la salvación a mi familia, amigos, compañeros de trabajo y estudios.

Los cuatro hombres leprosos anunciaron a la ciudad de Samaria las bondades de Dios, ellos fueron hasta la ciudad y dijeron al pueblo que en el campamento asirio había comida, bebida, vestidos, animales, oro, etc. Al igual que ellos debemos dar de comer al hambriento y beber al sediento, debemos anunciar al mundo que Cristo es pan y vino, luz y sal, sanidad y salvación. Amén!

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