A MIS ALUMNOS: TEOLOGÍA DEL DESARROLLO PERSONAL

Escribo estas líneas con “temor y temblor” quizá porque la audiencia a la que están dirigidas es selecta, especial; no porque sean mejores personas que el resto, sino porque fueron mis alumnos en distintas épocas de mi vida y en diferentes cátedras tanto en Semisud (Ecuador) como en Setemin (Chile). Conozco cada uno de los nombres que etiqueté, conozco sus capacidades, potencialidades y razonamientos; por eso escribo con humildad esperando contribuir una vez más a vuestra formación ya no sólo bíblica, teológica o ministerial, sino también a vuestra formación vivencial.

Ustedes dejaron las aulas hace tiempo y cada uno se ha desarrollado -algunos más que otros-, en diferentes especialidades y en las más variadas áreas de trabajo que este mundo ofrece. ¡Me emociona saber lo lejos que han llegado y que pueden llegar aún! Para eso fueron diseñados, para vivir en un Edén lleno de posibilidades, ese era el plan original que el Arquitecto Divino planeó para ustedes, no se conformen con menos. Me emociona también que en parte contribuí a vuestro entrenamiento, espero haber sido un buen “coach”. Así que, ¿cómo les va? ¿qué es de sus vidas? Y la pregunta más importante, ¿son felices con lo que están haciendo, con lo que han logrado, con la forma en que llevan sus vidas?

Gracias por la carrera de Teología, pero No lo es Todo.

Nuestros seminarios en América Latina cumplen una función trascendental en el cumplimiento de la Missio Dei, ofrecen carreras de teología con una duración entre 2 a 4 años, quizás 5, con diferentes especialidades. Esto contribuye grandemente a la formación de más y mejores líderes eclesiales en el Continente. Ministros equipados con herramientas necesarias para la reflexión, articulación, exposición y defensa de nuestra fe convirtiéndolas en personas preparadas para enfrentar los desafíos que la iglesia de la sociedad posmoderna exige hoy. Pero, ¿es suficiente?

Obtuve mi Bachillerato en Teología allá en 1994 en nuestro seminario de la Iglesia de Dios en Chile, SETEMIN. En 1997 junto a mi esposa nos fuimos a Quito a estudiar -según nos dijeron-, a una prestigiosa casa de estudios teológicos, SEMISUD… ¡no se equivocaron!. Ella y yo obtuvimos nuestros grados. Fabiola se tituló como Bachiller, yo como flamante licenciado. Una vez graduados nos vinimos a Chile a servir en la educación teológica de mi antiguo seminario y así lo hicimos. Pasado un tiempo nos ofrecieron seguir nuestros estudios para obtener la licenciatura en el caso de mi esposa y yo el pomposo título de máster. Nos despedimos de chile y nos fuimos casi sin pensar quedándonos por 11 años en un país que lo hicimos como propio, Ecuador. Los grados mencionados fueron conquistados por sus servidores. Así que puedo decir con cierto orgullo que tanto mi compañera como yo somos “letrados en cuestiones de teología”… nos creíamos auto-suficientes. Que equivocados estábamos, no al estudiar esta maravillosa carrera, sino al pensar que eso era todo, suficiente, basta y sobra.

Tanto en el Seminario Teológico Ministerial (Setemin, Santiago) y en el Seminario Sudamericano (Semisud, Quito) como en otros donde tuve la oportunidad de enseñar tanto en Ecuador, Colombia, Perú, etc., me dediqué en cuerpo y alma a enseñar mi amada carrera de teología. Preparé no pocos líderes, con algunos llegué a hacer amistad que hasta ahora perdura. En mis aulas y por mis clases pasaron Supervisores de iglesias, Superintendentes nacionales, obispos, pastores, líderes, laicos y a todos les enseñé lo mejor que pude pues la teología me apasionaba y me apasiona todavía. Alguna que otra vez escuché buenos comentarios de mis cátedras y eso me motivaba a seguir enseñando con ahínco, pasión, disciplina y exigencia.

Sin embargo, de todas los cursos que dicté relacionados con la teología (teología sistemática I, II, III, IV; neumatología, teología del pentecostalismo, ecoteología, teología de las luchas espirituales, síntesis teológica, profetas del antiguo testamento, introducción a la Biblia, entre otras), no recuerdo nunca haber elaborado un silabus y desarrollado una materia bajo el título de “Teología del Emprendimiento y Desarrollo Personal”, al menos no de manera formal; quizá incluí en mis cátedras consejos, apreciaciones, críticas y observaciones al respecto, pero no recuerdo haber dado nunca una cátedra con las características mencionadas. La pregunta que me hago es, ¿por qué?

La respuesta puede resultar simplista pero al menos tengo una respuesta: No pensaba que una herramienta como esa (emprendimiento y desarrollo personal) sería necesaria, no al menos en esa época de la vida. Y además como en los distintos seminarios donde enseñé tal cátedra no existía en las mallas (y me parece que aún no existe), en mi fuero interno llegué a pensar que era completamente normal estudiar y enseñar  cursos de teología que se sobreponían por sobre los cursos “espirituales” y éstos por sobre los “administrativos” y por ninguna parte aparecían muestras siquiera de algo que se pareciera al emprendimiento o desarrollo personal. Es posible que aquella no era la época, pero hoy sí.

Pienso que si bien enseñé a muchos a pensar, desarrollar su articulación teológica y defender sus posturas dentro y fuera de la iglesia, no enseñé a mis alumnos el arte de desarrollarse a sí mismos como personas y a emprender proyectos viables y auto-sustentables que les permitieran vivir de ellos para así no depender de la denominación o iglesia. Recuerdo haber motivado a mis estudiantes a soñar, inspirar y hasta ser un poco rebeldes en el buen sentido de la palabra, pero ¿desarrollo personal y emprendimiento? No lo recuerdo.

Ahora que estoy lejos de las aulas pero no de la docencia -pues aún estoy vigente-, pienso que mis alumnos habrían sido mucho más bendecidos si además de haber recibido cátedras magistrales en teología, Sagradas Escrituras, lenguas extranjeras muertas y vivas, administración y otras similares en nuestros pénsums hubiesen recibido de mí (no hablo por mis ex-colegas pues es de mal gusto incluir a quienes no han pedido ser incluidos) más que consejos, cátedras igualmente magistrales en desarrollo de vidas, emprendimientos de proyectos y no solo soñar… ¿por qué? Usemos el sentido común, “la teología no lo es todo”. En América Latina a diferencia de algunos pocos países europeos, no se vive de la teología. Bien lo diría nuestro Señor Jesucristo, “no sólo de pan vivirá el hombre”, y yo agrego -con temor de ser catalogado como hereje-, “y no sólo de la iglesia, del seminario, de la denominación y de la teología vivirá el alumno”. Graduamos bachilleres, licenciados, másters y doctores en teología, pero no hay campos financieros donde puedan desarrollarse. Es decir, trabajo hay (pastoral, misional, educacional), pero donde la teología sea bien pagada no.

Recuerdo a algunos alumnos, quizá los más futuristas. Ellos/as estudiaban dos carreras a la vez, teología en el seminario y otra carrera “secular”. Estos alumnos bien sabían que la teología no era todo, por eso acertadamente estudiaban a la par sicología, ingeniería, docencia, informática, entre otras. Sin embargo, el que estos alumnos estuvieran luchando por dos títulos no los convertía en personas emprendedoras y desarrolladas. Lo sé por experiencia, he mentoreado a no pocos profesionales que pensaron que su grado lo era todo.

¿Para qué Sirve el Desarrollo Personal?

El desarrollo del potencial humano o también conocido como “desarrollo personal” es la habilidad para hacer de nosotros personas íntegras; es decir, sanas, felices, productivas. ¿Es posible esto? Claro que sí. La disciplina del desarrollo personal es tan antigua como la raza humana misma, pero cobró fuerza en el tiempo de los filósofos griegos como Sócrates quien nos enseña: “Una vida no revisada no vale la pena vivirla”; o incluso en las enseñanzas del Cristo de los evangelios quien nos anima a ser mejores personas poniendo atención a nuestro mundo interior.

En nuestro seminarios teológicos tenemos tan buenos profesores, gente tan brillante y capaz que cualquier Universidad querría tenerlos entre sus docentes de planta. Se me ocurren varios nombres de colegas que me sorprendieron por su profundidad, su elocuencia, su habilidad para expresar los dogmas, su genio creativo a la hora de enseñar, etc. Sin embargo, si bien cada uno resaltaba en su especialidad, sólo algunos destacaron por algo que los alumnos agradecen de por vida… la relación mentor-pupilo. No me refiero a la relación profesor-alumno, sino la relación e influencia que ejerce un mentor. Y esto es una gran verdad: Los alumnos graduados y en pleno ejercicio siempre recordarán con más estima no tanto al profesor académico, sino a aquel que dedicó tiempo para escucharlos, guiarlos, pastorealos, mentorealos; es decir, aquel profesor que invirtió en su desarrollo personal.

Soy afortunado pues tengo al menos 3 mentores a quienes recurro en casos especiales en mi vida, ¡no saben cuánto estas personas han contribuido a mi crecimiento y al desarrollo de mis emprendimientos! No sé si fui mentor para algunos tanto en Chile, Ecuador u otro país, espero haberlo sido, pero una cosa es cierta: “El crecimiento personal es uno de los resultados más frecuentes de la relación mentor-pupilo. El crecimiento personal para mí es convertir los adjetivos negativos en positivos. El pupilo podría decir: ‘Solía verme como una persona que lo dejaba todo para después. Ahora me veo como una persona orientada a la acción’. ¡Eso es desarrollo personal!, y se fomenta a medida que el mentor ayuda al mentorizado a definir e identificar puntos fuertes que el pupilo no ha visto antes y a superar algunos de los negativos” (Bobb Biehl, El Mentor).

Entonces, ¿para qué sirve el desarrollo personal?

  • Para potenciar, maximizar, gerenciar nuestras vidas a través de la planificación, organización, dirección-ejecución y control lo cual permitirá: Descubrir tu significado personal, y por tanto tener claridad del por qué estás aquí y qué quieres de la vida, haciendo la diferencia entre sueños y metas, estableciendo éstas últimas a corto, mediano y largo plazo. Metas de vida, metas profesionales, metas de todo tipo; haciendo de ti una persona productiva, un aporte a la sociedad.
  • Para hacer de las personas líderes inspiracionales, que motiven y construyan vidas. Las personas con un sano desarrollo personal se convierten en líderes de sí mismos y de otros, y por tanto, son entes motivadores positivos que la sociedad de hoy necesita con desespero.
  • Para construir un mundo, un país, una comunidad mejor. La respuesta a los males que aquejan a nuestro planeta no radica en las entidades civiles, eclesiales o militares, si bien las necesitamos; sino, en nosotros mismos. El desarrollo personal nos permite alcanzar conciencia de lo mucho que podemos hacer para remediar esta situación.

¿El Desarrollo Personal es Importante para la Organización (Iglesia, Ministerio, Denominación)?

El desarrollo personal o desarrollo humano en la Organización, es un tema al que, con frecuencia, no se le da la debida importancia, quizá porque se desconocen sus utilidades prácticas.

Para adentrarnos en este tema, tendríamos que reconocer que debido al alto nivel de competencia que actualmente exigen los mercados, las empresas de todos los sectores de la actividad económica, se enfrentan a un gran desafío: Generar resultados extraordinarios de forma permanente.

Ya no es suficiente con poseer algunas gentes brillantes o preparadas en la organización, sino, es imprescindible que todos los integrantes estén alineados, con un propósito común y que se mantengan muy motivados. No hacerlo de esta forma, genera ineficiencia, disminución de la competitividad y eventualmente ser desplazados del mercado.

Para comprender la importancia del desarrollo personal en la empresa, debemos partir de una premisa básica: los resultados extraordinarios solo pueden ser generados por gente extraordinaria.

y…  ¿Dónde se consigue a la gente extraordinaria? ¡¡La gente extraordinaria, ya se encuentra trabajando en las iglesias, ministerios, denominaciones!! Solo es cuestión de reconocerla.

Se cuenta que  Miguel Ángel,  uno de los más grandes artistas del Renacimiento, al encontrarse un día frente a un gran bloque de mármol expresó: “dentro de este bloque de mármol hay un ángel, debo sacarlo”. Y cuenta la historia que  no paró hasta que aquél ángel logró desplegar sus alas.

Al igual que Miguel Ángel, para encontrar a la gente extraordinaria de las  empresas, las escuelas, organizaciones, iglesias y de todos los lugares  donde exista un ser humano,  solo es necesario hacer aflorar las cualidades  que toda persona lleva dentro de sí. Esta es la magia del desarrollo personal. Pero, ¿lo hacemos en nuestros seminarios? ¿es sólo cuestión de una cátedra, un taller, una charla? ¿O más bien el desarrollo personal debería ser parte del ADN de nuestras casas de estudio? Tenemos tan buenos estudiantes, tan buenos recursos humanos en nuestras aulas pero sin potenciar, sin desarrollar, sin maximizar. Y lo más triste es que los enviamos al campo cargados con herramientas teológicas, pero sin el desarrollo pleno de una vida mejorada.

Los cursos o entrenamientos de desarrollo personal, permiten a todos los participantes despertar y desarrollar habilidades y actitudes, que ya poseen internamente, como las siguientes:

1.- Confianza en sí mismo

2.- Integridad  (congruencia  entre lo que se dice y lo que se hace)

3.- Proactividad (hacer que las cosas sucedan)

4.- Lealtad

5.- Orientación a resultados

6.- Capacidad para manejar y expresar sus emociones  (inteligencia emocional)

7.-   Capacidad y gusto de aprender

8.-   Habilidad para tomar decisiones

9.-   Habilidades de comunicación y retroalimentación

10.- Capacidad para el manejo de conflictos

11.- Capacidad de reconocer los logros y méritos de los  demás.

12.- Inclinación por lograr la excelencia en lo que se hace.

Para seres humanos con estas características, generar resultados extraordinarios, tanto en la Organización como en su vida diaria, no es cuestión de suerte; es un estilo de vida. Por ello, la formación de equipos de alto rendimiento o desempeño en las empresas (iglesias, ministerios, denominaciones), después de un proceso de capacitación en desarrollo personal,  es la consecuencia natural e inmediata.

Por todo esto, afirmamos que el desarrollo personal o desarrollo humano como parte integral no sólo de la malla de un seminario sino en sus valores, es una garantía de crecimiento y competitividad.

Para finalizar, detengámonos en las palabras del apóstol Pablo: “Pues, el que no sabe administrar su propia casa… ¿cómo podrá administrar la iglesia de Dios?” (1ª Timoteo 3:5). ¡Qué bien nos haría que el doctor Bonilla nos interprete este verso! Soy privilegiado pues no sólo tomé clases con este genio sino que varias veces salimos a tomar café y almorzar. En cierta ocasión tocamos este verso y dijo algo que hizo click en mi mente y corazón: “Mijito -me dijo-, muchos líderes se ponen a levantar iglesias, seminarios, proyectos y sueños sin antes comenzar por lo primero… arreglar su propia casa (oikos), y no me refiero a su familia, eso está bien, sino arreglar su mundo interior, su casa interna. Mejoremos primero nuestro mundo interior para luego querer mejorar a los demás”. ¡Touché!

Y bueno, a eso me he dedicado los últimos 3 años. A mejorar y en lo posible ayudar a otros a mejorar. Sí, me he dedicado con pasión a desarrollarme a mí mismo, con la ayuda de Dios por supuesto.

Mejorar Importa.

Chuck Gallozi nos dice: “Tenemos un deseo innato de aprender, crecer y desarrollarnos constantemente. Queremos llegar a ser más de lo que ya somos. Cuando admitimos esta inclinación a la mejora constante, llevamos una vida de continuos logros y satisfacciones”.

En Japón, mejorar constantemente se dice kaizen. No sólo es una filosofía aplicada en las modernas empresas japonesas, sino que también es la antigua filosofía de los guerreros, y se ha convertido en el estilo de pensamiento de millones de triunfadores.

Los triunfadores -en su vida espiritual, en los negocios, el deporte o las artes-, se comprometen a mejorar constantemente. Si quieres tener más éxito, tienes que preguntarte: “¿Cómo puedo hacer esto mejor? ¿cómo le puedo sacar más partido? ¿cómo podemos poner más amor a esto? ¿en qué áreas de mi vida u organización debo ser más intencional para avanzar al siguiente nivel?

En el mundo actual hace falta ir mejorando en cierta medida para mantenerse al día de los cambios y esto incluye por supuesto a la Iglesia. Cada mes aparecen nuevas tecnologías, nuevos libros, estrategias nuevas y más efectivas. En cualquier momento aparece una nueva palabra, una nueva tendencia, una moda nueva, o técnicas diferentes y más productivas. Prácticamente no dejamos de aprender sobre nosotros mismos, sobre nuestra salud, sobre la capacidad del pensamiento humano, etc; así nos diseñó el Arquitecto Divino… con esa hambre de aprender y desarrollarnos: “Olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta” (Filipenses 3:13).

Por lo tanto, si queremos sobrevivir debemos mejorar. Pero para prosperar, como hacen los triunfadores, hace falta mejorar de un modo especial. Esto nos debe hacer pensar, ¿y la Iglesia de Jesucristo… debe mejorar? ¡Sin lugar a dudas! ¿y sus líderes también? ¡Por supuesto! Sin embargo, con tristeza reconocemos que muchas iglesias se han limitado a existir, sin vida en ellas. Se mantienen con ciertas actividades, feligresía y con una imagen ganada en el pasado, pero ¿qué más? La mejora constante es importante no sólo para las personas como individuos, sino también para las organizaciones cualquiera sean éstas, esto incluye por supuesto a la Iglesia. Esto permitirá que la Iglesia alcance los niveles de excelencia para los que fue diseñada y así concretar la Missio Dei a cabalidad.

Conclusión.

Haber estudiado mi carrera de teología fue uno de los mejores aciertos que he tenido en mi vida, pero ése fue el trampolín que utilicé como impulsor a una vida mejor; es decir, no me quedé allí, no me conformé con ser teólogo, pastor o líder educacional, busqué mi propio destino y aún lo estoy haciendo. Mis años como estudiante, profesor y últimamente como director de un seminario me ayudaron a comprender que si bien la teología es útil para el desarrollo de la iglesia, no lo es todo. Hay un mundo allá afuera con un sin número de posibilidades que sólo los osados se atreverán a tomar, sólo quienes deseen ser más, crecer, desarrollarse a sí mismos lograrán la conquista.

Sólo las personas con suficiente madurez interna serán los aptos para emprender proyectos viables y duraderos en el tiempo, sólo quienes estén comprometidos con su crecimiento personal serán quienes disfrutarán una vida más feliz, productiva y plena.

Mis ex-alumnos, gracias por leerme. Me siento honrado de haber sido vuestro maestro. Seguramente usted tiene mucho que enseñarme.

Una última Pregunta.

¿Cree usted que materias como desarrollo personal y emprendimiento debieran ser parte de las mallas currculares de nuestros seminarios teológicos en América Latina? ¿Se puede considerar al desarrollo personal una materia digna como para enseñar en nuestras prestigiosas aulas?

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One thought on “A MIS ALUMNOS: TEOLOGÍA DEL DESARROLLO PERSONAL

  1. Heraldo Miguel Navarrete Garcia 28 septiembre, 2014 / 20:02

    De hecho hace falta muchisimo esa cultura dentro de la propia iglesia.

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